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Sobre el libro

Las historias contenidas en Constructores de paz describen la lucha de estos jóvenes en su intento por superar algunas de las más duras pruebas que nos puede imponer la vida: Carlos, el asesinato de su padre; Manuel, varias amenazas de muerte; Julieth, la violencia doméstica y la guerra de pandillas en la calle; Carmen, las masacres que amenazan con devastar a su pueblo natal.

Millones de niños que viven en medio de la guerra han sufrido experiencias similares. La diferencia que signa a estos y otros miles de jóvenes colombianos, es que ellos mismos se han negado a hacer parte de la violencia. A cambio, buscan soluciones que ofrezcan una alternativa a la guerra y en el proceso han conformado un movimiento extraordinario.

La guerra en Colombia se ha prolongado ya más de cuarenta años. Se trata de un conflicto cruel entre muchos grupos armados por la tenencia y el control de la tierra y del poder. Todos los grupos armados han abusado de los derechos de gente inocente. Cada año la guerra deja cerca de cinco mil personas muertas, casi todas ellas civiles. Casi todas las semanas ocurren masacres. A partir de 1985, más de dos millones de personas, uno de cada veinte colombianos, se han visto obligadas a abandonar sus hogares debido a la guerra. El secuestro y las desapariciones son endémicos: sólo en 1999, más de tres mil personas fueron secuestradas.

A pesar de lo mortífera que es la guerra en sí, un nœmero mayor de personas cae v'ctima de la violencia generalizada a lo largo y ancho de la sociedad. Las ciudades colombianas presentan uno de los peores 'ndices de homicidio del mundo debido a la impunidad frente a la justicia y a las enormes brechas que existen entre pobres y ricos y la población urbana y la rural.

La violencia se extendió con rapidez a lo largo de la década del 90 alentada en buena parte por los dineros "calientes" que genera el narcotráfico: Colombia es el mayor productor de cocaína del mundo. En tanto familias enteras de desplazados se volcaban sobre las principales ciudades y el nœmero de secuestros aumentaba con velocidad de vértigo, el gobierno y las Fuerzas Armadas fueron incapaces de instaurar unas conversaciones de paz, hasta que la gente se vio obligada a tomarse el asunto de la paz por sus propias manos.

Para mediados de la década del 90, una red de solidaridad, Redepaz, había agrupado cientos de grupos promotores de la paz en un esfuerzo por darle mayor poder al movimiento. Al mismo tiempo, la Comisión Conciliadora, un grupo conformado por prominentes l'deres civicos y religiosos, se habia embarcado en una serie de diálogos por la paz con uno de los grupos guerrilleros. Dicho esfuerzo por iniciar unas conversaciones de paz se gestó sin la menor participación del gobierno y, en su tiempo, resultaron ser mucho más exitosas que cualquier intento por parte del gobierno con el mismo propósito. Con todo, el movimiento por la paz en conjunto continuaba siendo débil y dividido en un mosaico de esfuerzos aislados... hasta que surgió el Movimiento de los Niños.

El Movimiento lo iniciaron grupos de jóvenes que para comenzar trabajaron aislados y por su cuenta en un esfuerzo por contribuir con hechos para lograr la paz y que pronto se conviertió en un torrente de millones de ellos clamando por su derecho a la vida y a la paz. Se desarrolló sin estructura formal alguna : no posee l'deres oficiales y se considera que cualquier persona, menor de 18 años, que se encuentre haciendo cualquier cosa por mejorar la calidad de vida de una comunidad afectada por la violencia, hace parte del grupo. El objetivo del Movimiento es acabar con la violencia que desgarra a Colombia ya se trate de la guerra, la violencia callejera o el abuso dentro del hogar. También busca crear una unidad entre los jóvenes que trascienda las barreras raciales, económicas y geográficas, unidad de la que carecen los colombianos adultos.

El Movimiento de los Niños fortaleció y le dio norte a los esfuerzos de los adultos por encontrar la paz y además contribuyó a encaminar al pa's por un sendero que llevara al reinicio de unas negociaciones por la paz. Pero más importante aœn, ya empezó a sentar las bases de la paz en comunidades, escuelas y familias, asunto fundamental si se quiere algœn d'a llegar a una solución política del conflicto.

No hay mejor manera de narrar la estimulante historia del Movimiento que a través de las vidas y relatos de estos jóvenes valientes. Es política establecida del Movimiento no identificar por su nombre a los grupos armados responsables de los actos violentos y, para su seguridad y protección, todos los nombres de los jóvenes y niños que aparecen en este libro han sido cambiad.


El libro